Cada día, al empezar la práctica, recitamos el siguiente mantra de inicio, es un canto de agradecimiento que además aporta una energía muy potente al espacio donde se practica.


vande gurūṇāṁ caraṇāravinde sandarśita svātma sukhāva bodhe
niḥśreyase jāṅgali kāyamāne saṁsāra hālāhala moha śāntyai

ābāhupuruṣākāraṁ śaṅkha cakrāsi dhāriṇaṁ
sahasra śirasaṁ śvetaṁ praṇamāmi patañjaliṃ


Me inclino a los pies de loto del gurú supremo
Que enseña su saber, despertando la gran alegría del Ser revelado
Que actúa como médico de la jungla
Capaz de eliminar el veneno de la ignorancia de esta existencia condicionada.

Ante Patanjali, encarnación de Adisesa, que con su color blanco,
Mil cabezas radiantes (en su forma de serpiente divina, Ananta)
y su aspecto humano a partir de los hombros empuña la espada de la discriminación
junto a una rueda de fuego que simboliza el tiempo infinito y una caracola que
representa para él el sonido divino,
Me postro
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